Cuando visitamos un establecimiento de comida y pedimos a la carta, regularmente escogemos lo que más se nos antoja, ¿cierto? Pero si hablamos de un desayuno tradicional mexicano, específicamente en el centro del país, optaremos, sin tema de discusión, por unos buenos chilaquiles.
Si vemos la imagen que acompaña este texto, tampoco haría falta explicar el platillo, porque un buen mexicano sabe lo que son los chilaquiles, sean rojos o verdes, sencillos o con huevo, tal vez con pollo, con crema y queso o sin ellos, además de cebolla, aguacate, y porque, un poco de frijoles.
De hecho, últimamente me he topado también con lugares donde los sirven con cilantro, no es tan común, pero eso no cambia nada el que siempre sean los favoritos por excelencia para el desayuno.
Como dato cultural, la palabra “chilaquiles” se dice que viene del náhuatl “chilaquilli”, derivado del “chilli”, es decir “chile”y “aquilli” que significa “estar dentro de”. Entonces, bajo estas raíces, el significado literal de los chilaquiles sería “dentro de chile”. De ahí que la base de este platillo sean tortillas de maíz, en su mayoría fritas, bañadas o sumergidas en salsa.
Se cree también que su origen se debió para evitar el desperdicio de sus ingredientes principales, esto es, utilizar la tortilla antes de que se ponga dura y ocupar todas las verduras posibles, para hacer una salsa. Esto tiene mucha lógica en la cocina mexicana, sin embargo, no encontré nada que lo confirma.
Partiendo de eso, es muy común que por las mañanas los restaurantes trabajen los paquetes de desayuno, los cuales nos brindan además del platillo a nuestra elección, un acompañamiento de jugo o fruta y café o té respectivamente.
Esto sería lo más parecido a un desayuno rico y variado, pero no sé qué tan bien equilibrado.
Honestamente, no sé si en todos los sitios valga la pena ordenar “en paquete”, porque muchas veces te sirven solo trozos de fruta, que no es de temporada o la infusión ni siquiera es de la casa, solo es un sobre comercial. Pero si el jugo es recién hecho o hay “refill” de café, entonces la respuesta podría ser que sí; aunado a que muchas veces con los paquetes, solemos ahorrarnos unos cuantos pesos.
Tomando en cuenta esto, al iniciar la semana estaba por la ciudad de Pachuca y tras haber pasado un ayuno de 12 horas como requisito para unos estudios, al salir del laboratorio lo primero que busqué es ir a un lugar para poder desayunar.
“Si quieres comer rico debes consumir lo local” o al menos esa es mi ideología. Pero es increíble que, a pesar de ser una ciudad capital, encuentres muy pocas opciones abiertas a las 8 am. Debo confesar que sí estaba cerca de algunos restaurantes de cadena, pero opté por caminar un poco, tomar fotografías de los alrededores y hacer tiempo hasta llegar a un pequeño pero reconocido restaurante del lugar. Y en mi mente no había duda, quería unos chilaquiles.
El desayuno es la primera comida del día. Generalmente se consume por la mañana después de despertar y antes del mediodía. Su nombre proviene de la idea de “romper el ayuno”, de ahí la palabra “des-ayuno”. Es considerado como la comida más importante del día, porque nos ayuda a recuperar la energía que el cuerpo necesita, después de haber estado en reposo durante el sueño o en mi caso con muchas horas de ayuno.
El restaurante donde desayuné se encontraba a la orilla de la Plaza Principal, junto a unos portales. La atención fue rápida, es decir, me acompañaron y prepararon la mesa, me proporcionaron perchero y me mostraron la carta, pero después de ordenar mi paquete de chilaquiles, obviamente el servicio tardó bastante. Yo no tenía prisa, pero tenía hambre.
La tardanza la relacioné a que solo había un mesero y después de sumergirme en la vista a través de los ventanales, apareció una mujer con mi jugo de naranja y un plato con fruta. Insisto, yo tenía hambre, pero declaro que dos trozos de piña y uno de sandía, no me parece lo más acertado del día. Aun así, tenía grandes expectativas y la entrada se compensó cuando llegó el café.
Después de eso tardaron mucho. El poco café que restaba en la taza, ya se había enfriado y yo seguía con hambre. Al reaparecer el mesero, fue una delicia ver el proceso de preparación de mi platillo en la mesa, porque este vertió la salsa sobre la tortilla frita y los demás ingredientes. Los chilaquiles tenían pollo y yo había pedido con huevo, pero no me parecía un gran problema.
El detalle fue que el mesero sin dudarlo, se llevó el plato de regreso a la cocina y generó más tiempo de espera.
Cuando regresó mi plato con chilaquiles, no los habían cambiado, por el contrario, ya no recibí esa experiencia de servicio a la mesa y solo encontré un platillo con más salsa caliente, el pollo revuelto entre las tortillas y los huevos fritos encima.
La verdad es que me dio mucha risa la solución que le dio la cocina, porque también se escuchó que la cocinera grito “a ver si comandas mejor la comida”.
Al final desayuné muy rico y me quité ese antojo de los chilaquiles, que tanto tenía que en este caso fue literalmente con todo.
En resumen, tener un desayuno equilibrado es clave para mantener un buen estado de salud, mejorar la concentración y la energía durante el día, pero la experiencia de los nuevos restaurantes y el sabor rico de los chilaquiles por la mañana, no los supera nada.
