Hace unos días iniciaron en México las campañas para elegir a las personas juzgadoras integrantes del Poder Judicial; y desde su arranque se puede observar un sin fin de “estrategias” que los interesados en ocupar una posición están dispuestos a hacer.
Desde los casos chuscos donde un aspirante a la Suprema Corte, presume estar más preparado que un chicharrón hasta aquella que se presenta como Dora la Transformadora. También resalta la candidata a jueza penal por Morelos, que realiza su campaña en ropas ajustadas y quien aparece derribando una muralla de papeles para acercar la justicia las personas.
Todas las anteriores pueden ser acciones o instrumentos que llamen la atención de una sociedad que no está familiarizada con el compromiso comicial que se avecina. Quizá por ello, lo primero que hay que buscar sea la atención.
Pero conforme avanzan los días los cuestionamientos formales se hacen presentes. Es decir, si los candidatos a jueces, ministros y magistrados no van a ponderar las propuestas y planes de trabajo de llegar a ocupar una responsabilidad tan seria, entonces quienes le pueden poner un toque de seriedad a una elección.
Porque ya sabemos que los políticos no son un buen referente. Ellos llevan toda la vida jugando este juego de la percepción a través de las más sofisticadas estrategias de marketing político. De tal suerte que nos es raro encontrar a político que tocan rayan en el ridículo con tal de ganar un voto.
Pero quizá, solo quizá, los potenciales votantes para esta elección esperábamos un cambio de dirección fundamentalmente por lo que está en juego, la integración de los órganos judiciales. Es decir, de aquellas personas que pueden absolver a los culpables de un delito o condenarlas a penas muy severas.
Pues por lo visto ni en esas esferas se toman las cosas con la suficiente madurez. Lo primero es ganar simpatía, acumular votos y después (al final) presentar las propuestas y planes de trabajo que amerita el cargo.
Lo cierto, es que también los aspirantes (abogados de supuesta trayectoria y experiencia), consideran que los votantes son ignorantes y que con algunas argucias podrían generar empatía con las masas.
Al parecer están equivocados porque aquellos que ejercerán su derecho al voto serán personas con ciertos niveles de especialización. Por lo complicado del ejercicio acudirán a la urna sectores con altos niveles de cultura cívica y compromiso democrático. Esto significa que no será sencillo manipular a los que tienen interés en la conformación del poder judicial.
De tal suerte, que si los candidatos le siguen apostando al voto masivo se equivocan. Tendrían que dar un giro para socializar de mejor manera sus funciones y responsabilidades. Al menos, dentro de este esquema, los candidatos están generando ciertos vínculos con los votantes (algunos equivocados), pero al final hay que celebrar que estas personas estén pisando territorio.
Dentro de este esquema, parece que la cultura pop aquella que se divierte con espectáculos de la casa de las estrellas, big brother y otros menesteres de esta índole ganará la partida. La vanidad y lo superfluo se apodera de algunos candidatos a ser jueces, ministros y magistrados que todavía no dimensionan lo histórico de esta jornada comicial.