Hace unos días, un hallazgo sorprendió a la opinión pública nacional. Se trata de un rancho en las inmediaciones de Guadalajara, donde presumiblemente grupos delictivos adiestraban a sus integrantes.

Lo dantesco de la situación es que en el lugar también se hallaron restos óseos en fosas clandestinas e indicios de cuerpos que fueron calcinados. A juzgar por los elementos encontrados (ropa, calzado, identificaciones, entre otros), se especula que fueron cientos de personas que perdieron la vida en aquel lugar.

Lo irracional es que las autoridades federales, habían asegurado e investigado ese sitio en septiembre del año pasado, pero en sus indagatorias no habían localizado los restos que sí encontraron los buscadores de víctimas la semana pasada.

El colmo es que dentro de las esferas de la administración pública, los responsables de todos los niveles parecen tener más justificaciones de su actuar, que pistas sobre el paradero de las personas que utilizaron ese denominado “campo de exterminio”.

El presidente municipal, realizó declaraciones asumiendo que la fiscalía general no había encontrado nada sospechoso en el rancho. Por tanto, su reducida capacidad de policía e investigación, no podían aportar más elementos.   

El estado también hizo caso omiso y la federación se escuda en decir (o al menos en proponer como hipótesis), que existe una serie de complicidades que en un primer momento hicieron posible que en el cateo del año pasado solo se encontraran 10 personas, quienes presumiblemente tenía secuestradas a dos varones.

No obstante, el escenario cambió radicalmente en unos meses. Una persona buscadora declaró que “…desde el inicio encontramos ropa, montículos de ropa, muchísima ropa. Encontramos calzado, que esto fue algo que se hizo viral, porque lo comparaban con unas fotos de la antigüedad, de guerras, de sitios de exterminio. Realmente esto era un sitio de exterminio, reclutamiento y exterminio, porque ahí mismo terminaban con la vida de las personas”.

Se sabe que, desde hace varios años, Guerreros Buscadores de Jalisco y otras organizaciones de su tipo, han denunciado que los jóvenes son atraídos con ofertas de empleo engañosas con sueldos atractivos, y que las víctimas terminan en sitios como el del rancho de Teuchitlán.

En una declaración se dice que ahí llegaban cientos de jóvenes, que eran sometidos a prácticas inhumanas, incluidas torturas y coerción, para atacarse entre los propios “reclutados”. Lo cual refuerza la idea de un campo de entrenamiento, para ser utilizados después en actividades ilícitas.

Lo anterior se puede ejemplificar porque en el terreno “había un área de entrenamiento táctico y otra de acondicionamiento físico”, así como armas, chalecos y casquillos. Lo cual hace pensar que estos grupos tenían amplia impunidad en la región, para tener una logística como la que se ha citado.

El caso ha llamado la atención por la barbarie que representa y porque muy seguramente, se trata de jóvenes que fueron engañados por una presunta oferta laboral. Ojalá que dentro de poco tiempo, se tenga claridad de quienes son los responsables y se puedan ejercer las acciones correspondientes para que estos capítulos obscuros de la vida pública no se vuelvan a repetir.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *