Ha tomado posesión como nueva ministra, quien fuera la primera persona en ser nombrada de manera directa por un presidente de la República.

Su discurso inaugural fue sin duda inesperado, para aquello que tradicionalmente se espera, puesto que, entre los puntos más relevantes, fueron los ataques a la institución que ahora pertenece siendo que señalo que la propia Corte no se debe a la Constitución.

Me parece que en diversas columnas he emitido mi opinión al respecto de la actuación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, pero aquello que pretendo destacar en esta ocasión es un hecho distinto.

En primer punto, parece que todas las personas tenemos derecho a disentir y tener una postura incluso aquella que estableció la nueva ministra hacia las decisiones emitidas por la Corte, de la cual he de mencionar no estoy de acuerdo y por supuesto que considero errónea.

Sin embargo, más allá de su postura me parece incongruente querer pertenecer y ser parte de un sistema y de una Corte, con la cual no compagina en sus decisiones y en su esencia; es decir, si no considera que una Corte debe de ser un contrapeso de los poderes de la Unión, parecería incongruente formar parte de la misma.

No obstante, si aquello que pretende es cambiar dicho sistema, se debe replantear no solo el discurso sino la esencia jurídica del mismo, puesto que el contrapeso que la Suprema Corte debe de ser, emana de una idea constitucional y democrática que sostiene el Estado de Constitucional de Derecho de nuestra nación, mismo que no puede ser ni revocado ni movido, ni siquiera atacado con un simple discurso.

Me parece que la institución de la que hoy forma parte, tiene muchos cambios que hacer en beneficio de todos, pero aquello que planteó se aleja aún más de la justicia, la razón y la constitución y en nada beneficiaría a nuestra nación.

juanfer_lm@jfg

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