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CONTRAPUNTO

(Por Irving Sánchez) Viernes, 18 de Septiembre de 2020 -- 10:33 am

  

El peso de la figura presidencial, en las elecciones

Alcaldía de Tulancingo, débil institución

 

 

INCAPACIDAD E IGNORANCIA

 

Sobre las crisis que arrastra la pandemia en nuestro país, hay un problema que debilita a las instituciones públicas y vulnera el aspecto político en Estados de la República Mexicana, en los que este año se hará efectivo el voto de los ciudadanos, en una elección por demás distinta y en condiciones totalmente adversas para las candidaturas, en las que destaca el cambio de partidos y el oportunismo de figuras, superadas por el hambre de poder.

En entidades federativas como Hidalgo, los ciudadanos sometidos a las reglas de sanidad y víctimas del oportunismo gubernamental con la implementación de programas como el “Hoy no Circula”, se suman a la desobediencia y hartazgo popular, que indudablemente tendrá un impacto político adverso, para el partido en la cúpula del poder en la entidad.

La economía casi sin fuerza para superar las dificultades comerciales, empresariales y desempleo pesan en miles de familias de todas las sociedades, al mismo tiempo que el ejercicio de relevo en las 84 presidencias municipales.

La imprudencia del poder presidencial que representa al Partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena), por darle nueva vida a figuras recicladas de otros institutos políticos, que han demostrado su poco manejo político en la cámara de diputados del congreso local, por su total inexperiencia e ineficacia para crear proyectos y propuestas en beneficio todos los hidalguenses. Ahora se corre un riesgo mayor, ante la improvisación de candidatos a las alcaldías que aún creen que con la simple figura de López Obrador, van a arrasar en las urnas.

A pesar del negro historial de algunos ex priistas, su imposición viola descaradamente el ejercicio democrático, al ser elegidos de una forma poco transparente y convincente para los militantes. A su vez, los verdaderos líderes morenistas hidalguenses, se han manifestado en la sede nacional para mostrar su inconformidad al asalto político, que han sufrido en su “legítima” intención de lograr la nominación que les ha sido negada.

Sin embargo, los alzados como candidatos “incómodos” van a necesitar el respaldo de las bases del nuevo partido que los ha adoptado y los pocos simpatizantes que han venido arrastrando de partido en partido y elección tras elección, pero no les alcanzará para ganar limpiamente en las urnas.

En municipios como Tulancingo, la gente ubica muy bien al candidato de Morena, escondido en elecciones anteriores con la máscara del PRI y del PAN y del Partido Naranja (MC), imposible de volver a engañar a la sociedad con viles mentiras y patrañas electoreras.

La transferencia de las bases morenistas hace evidente las fortalezas del Poder Ciudadano hacia otros candidatos, que sostienen compromisos firmes y serios con los tulancinguenses, en una campaña difícil pero muy probable de lograr el triunfo el próximo 18 de octubre. Se trata del avance de una campaña mirando de frente a la gente con un solo rostro y sin fantasmas presos por el peso de la corrupción.

Los límites de las elecciones no se deben sobrepasar, si no cuentan con el verdadero respaldo de todos los militantes y menos, si el personaje que los va a representar en las votaciones de este 2020, no es un legítimo aliado ni discípulo de López Obrador; es solo un advenedizo y decadente ex priista.

El canibalismo político atrae en tiempos electorales, a todos los personajes desterrados y devaluados. Pero pase lo que pase, muy pronto la población se ha dado cuenta de que el voto a ciegas se convierte en voto de arrepentimiento y así las cosas, no funcionan; como lo vemos y lo vivimos en la transformación presidencial, con la que vamos del fracaso a la ruina.

Esto es algo muy difícil de encarar, porque al municipio de Tulancingo, se le podría dar el poder de cambiar con el voto ciudadano y si los “disque” morenistas llegarán a ganar, como una muy lejana posibilidad, utilizarían el poder para usarlo a su favor y transformarlo al servicio de parientes y amigos cercanos, como ha ocurrido en “otras partes”.

 

COSAS DEL

DESTINO

 

Qué hacer cuando el destino decide que el poder político habrá de ser para determinado tipo de líder, marcado desde las “alturas” del palacio de gobierno en el Estado de Hidalgo. La única certeza es que detrás de ese gran favor, existe otro que beneficie al PRI. El sentimentalismo por su puesto pasa a otro plano y de nuevo, bienvenidos al mundo de la farsa política en una nueva modalidad este año.

La ruleta de la surte apuntó como presidente del Consejo Municipal de Tulancingo al panista Fernando Lemus, quizás el menos indicado para representar en tiempos del coronavirus a una de las ciudades prácticamente olvidadas de la mano del gobierno estatal.

La mal llamada segunda ciudad más importante de esta entidad, enmarca al ex regidos y ex candidato a la diputación local perdedor, como distinguida autoridad por tres cortos meses, quizás para evitar pensar en otra herencia en el poder, endosada al partido tricolor.

Hay quienes apelan a la duda y al voto de confianza, que es el único voto que podrá ganar involuntariamente el representante popular Fernando Lemus, el resplandor de la restauración de un nuevo orden de gobierno aún es opaco y por eso, la duda de que será imposible que logre la alternancia el PAN en Tulancingo, al menos no en estas próximas elecciones después de la sorpresiva pero lógica y “digna” renuncia del ex candidato Julio Soto Márquez y de su compañero de fórmula, Sinuhé Jorge Aldrete, quienes se suponía iban a dar la batalla o al menos simular que serían férreos adversarios del PRI; principal fuerza opositora en este municipio. Este es el principio de un breve fin e instante de gloria, para los panistas no elegidos por los ciudadanos tulancinguenses.

Las leyes y los reglamentos han quedado suspendidos, porque en estos tiempos en que todas las crisis azotan a los ciudadanos, hay poco tiempo para arreglar la confusión y el desorden gubernamental en Tulancingo.

Es claro que el tiempo es un factor determinante para calmar todas las tentaciones que atrae el poder y total que tanto el personaje (que no cuenta con el prestigio de todos los habitantes) como el gobierno panista que representa, no llegarán muy lejos en estos menos de tres meses.

La preservación de una autoridad en Tulancingo, independiente de las fallas del inexperto político, este corto periodo en el gobierno es responsabilidad de todos los funcionarios y personal de la alcaldía, para dar resultados inmediatos y al parecer está sucediendo y esto también es digno de reconocer en este gobierno mutante.

En este “mini gobierno”, en cierta forma existe el sospechosismo de su nombramiento, pero qué son tres meses en que esté al frente del Consejo Ciudadano Fernando Lemus, que sin sobrepasar los límites de la democracia, ni de la guerra sucia, ni de disfrazar la lealtad con simulaciones y; superando a muchos políticos ambiciosos por el poder, se ubica en estos momentos en la cumbre de la administración como único y líder.

Esto ha de doler a varios ex panistas, quienes se han quedado en medios caminos, en busca de ser lo que ahora representa y por qué no decirlo, “dignamente”. La calma y perseverancia también cuenta como recursos de la política al igual que la suerte. Tola, no hay gobiernos perfectos…hasta entonces.


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