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(Por Gloria Valencia Vargas) Viernes, 13 de Septiembre de 2019 -- 9:47 am

  

RECUERDOS DE SEPTIEMBRE 

 

Llego septiembre el mes de las fiestas patrias y con él, llegan a nuestra mente los recuerdos de ese Tulancingo de los años 50, cuando esta ciudad conservaba aún su belleza y elegancia, cuando se podían recorrer las calles y la periferia tranquilamente. 

Al empezar el mes de septiembre, iniciaban los preparativos en las escuelas para un evento muy importante:

“El desfile del 16 de Septiembre, para los escolares era una especie de aventura; salir de la escuela a la calle para ensayar las Tablas gimnásticas que durante el desfile se presentaban y que culminaba en el Campo Deportivo; además de disciplina, se requería esfuerzo para marchar en orden y gallardía como los soldados, casi siempre el desfile culminaba con éxito si los fuertes aguaceros lo permitían.

Cotidianamente se preparaba el uniforme de gala, estrenar las calcetas y los guantes, comprar la boina, lavar el saco o mandarlo a la tintorería, limpiar los botones dorados, quienes participaban en la banda de guerra limpiaban el tambor o la trompeta con Brasso. Buscar un palo de escoba lijarlo, pintarlo, además forrarlo con listones de colores o con papel crepe, o bien un arco al que se le agregaban flores de papel; o el ula- ula forrado de papel metálico, en fin, había muchos objetos que se utilizaban para este fin.  

Por fin llegaba el gran día “el 16 de septiembre “a las 8 de la mañana las escuelas y demás contingentes se concentraban casi siempre en la calle de Ocampo para iniciar el recorrido por las principales calles incluyendo parte la Floresta para terminar en el Campo Deportivo, donde se presentaban las Tablas; la competencia era muy dura, pues los estudiantes de cada escuela se pulían y se lucían.

“A la voz de ¡atención!, ¡firmes ya!, ¡marcar el paso ya!, ¡paso redoblado ya! Iniciaba el gran desfile y quien lo abría y lo encabezaba  era la Banda de Guerra de la Lezama, que era calificada como una de las mejores de la República, no se podrá olvidar el garbo y galanura de estos muchachos. Les seguían las diferentes escuelas como: el Pedro de Gante, la Padilla, la Aquiles Serdán, el Plancarte, la Isaac  Gonzáles, la Benito Juárez, la Manuel de la Colina o las Batas Blancas, la Martín Urrutia y algunas otras que con los años  se sumaron a la lista de escuelas. Posterior a las colegios desfilaban los contingentes, de la Benemérita Cruz Roja, los Bomberos, la tropa Militar y por último las bellas amazonas a caballo y los charros por cierto éstos se llevaban grandes aplausos, de padres de familia y público en general que se arremolinaba en las calles o que aplaudían desde las casas y balcones los que eran adornados con banderitas y festones de colores patrios.

Este evento trascendental no se habría llevado a cabo sin el trabajo y la organización de un excelente y querido maestro, el Profesor Carlos Gonzáles García, Hombre tenaz, sencillo, sin poses, ni protagonismos, así era el Profesor Carlos; maestro de educación física, que cotidianamente llegaba a los diferentes colegios e impartía la clase de Educación Física, y que era parte muy importante del programa escolar.  El maestro Carlos como todos lo conocíamos, siempre vestido con uniforme blanco, con una sonrisa y con bigote muy de esa época, de carácter jovial, parecía que nunca se cansaba ya que por las tardes organizaba torneos de básquetbol y de Voleibol, inter- colegios fue además instructor de educación física de la milicia, cuyo cuartel se encontraba en la manzana que hoy ocupa la escuela Miguel Hidalgo. Nos enseñó cómo mantener el cuerpo saludable con una rutina diaria de ejercicios.

En el desfile del 16 de septiembre y del 20 de noviembre el Profesor Carlos dirigía, como muchos decimos “el solo” pero con el auxilio de los maestros de cada plantel.

“En honor a este gran maestro, un recuerdo donde quiera que esté “    

Gracias a Ana María Lases, a Aracely Valencia Vargas y al compañero Melesio Beltrán por su valiosa información. Hasta el viernes próximo  


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