(775)75 53900
"Fundado en la ciudad de Tulancingo de Bravo
el 27 de septiembre de 1951"
Acceso Usuarios

  1. Regístrate!!

COLUMNAS POLÍTICAS


COLUMNAS SOCIALES



EDICIÓN IMPRESA

EN BUSCA DEL CIUDADANO

(Por Enrique López Rivera) Viernes, 20 de Enero de 2017 -- 4:19 am

  

 

La decadente democracia norteamericana

 

 

 

Todavía albergo en la memoria el día (frio y airado), en que Barak Obama rindió juramento como presidente de los Estados Unidos de América. Más allá de algunos planteamientos formales, lo que recuerdo es el optimismo que se generó en el ambiente político nacional e internacional. Aquella nación, se reafirmaba como referente de la democracia liberal.

A su vez, daba una lección contundente a los viejos fantasmas raciales y sectarios: ahora un joven afroamericano, hijo de un padre Keniano, profesor universitario y activista, llegaba a la Casa Blanca gracias a millones de voluntades que se expresaron a su favor.

Ahora, ocho años más tarde, el escenario se modificó diametralmente. La sinrazón llega a la presidencia y con ella, el derrumbe de las expectativas de un sistema democrático masificado que sucumbió al miedo y a la desinformación.

Persisten (y con razón) suficientes elementos para pensar en una etapa política de sombras a partir de la llegada (el próximo viernes 20 de enero), de Donald Trump. Personaje que cada día sorprende por su personalidad jacobina. Imposible de encuadrar en los patrones establecidos.

Será difícil remplazar la ausencia de Obama, en el escenario político. Más aún cuando en la silla se sentará un tipo con escasas cartas credenciales, para desempeñar ese cargo. Justo ahí radica la melancolía por Obama. Por su integridad personal llevaba con creces a la primera magistratura de aquel país.  

Obama no solo ha inspirado a millones de personas, dentro y fuera de su país, sino que ha conferido al cargo una dignidad difícil de igualar: tanto él como su familia han sido ejemplares en su comportamiento público, sin que se les pueda reprochar escándalo alguno. Desde la simpatía o incluso desde el desacuerdo, los estadounidenses han podido sentirse digna y ejemplarmente representados.

Obama deja un país muy diferente al que recibió en enero de 2009. Tuvo aciertos en materia económica y social pero lo que quiero destacar, por la relevancia regional que implica, fue el giro estratégico de la política exterior hacia Asia y un proceso de deshielo con los enemigos tradicionales de EE UU, desde Irán hasta Cuba. Bajo este esquema, Obama logró una trascendencia en el escenario mundial que es reconocida por todos.

Como es lógico, hay cosas que no han ido tan bien. Propio de una gran nación donde los problemas se agudizan y pisotean día con día Obama contagió esperanza. Pero hay que decir claro que a pesar de la recuperación económica, las desigualdades en Estados Unidos han aumentado, dejando a la clase media con una sensación de vulnerabilidad que sus rivaleshan explotado hábilmente en las últimas elecciones.

A su vez los episodios de violencia policial, sobre todo contra miembros de la minoría negra, han seguido causando graves disturbios en numerosas ciudades y, sobre todo, transmitido la inquietante sensación de que este es un problema irresoluto.

Relacionado con esta situación se encuentra el control de armas, reclamado por amplios sectores de la sociedad, pero donde Obama se ha encontrado siempre con la monolítica oposición republicana y el eficaz trabajo de los lobbies.

Al final de estas consideraciones, lo que es un hecho es que estamos a unos días de perder a un político profesional. Aquel de extraordinarios discursos y argumentos convincentes. Ese de mirada firme y decisiones asertivas. Aquel que reinventó la mercadotecnia política con una frase esperanzadora: Yes we can.

Antes de Obama, en aquel lejano 2008, Estados Unidos era visto en gran parte del mundo como un país agresivo, poco amistoso y con un considerable récord en derechos humanos debido a Guantánamoy a las cárceles secretas autorizadas por su predecesor, George W. Bush. La llegada de Obama, aunque no ha podido cerrar Guantánamo, cambió radicalmente esa percepción entre amplios sectores de la población mundial.

Al culminar su periodo presidencial, Obama ganó un mejor prestigio de su nación. Sin duda, será recordado como un extraordinario líder de EE UU. El resto del mundo lo recordará como el hombre que ganó con un “sí podemos”  y que ahora, en su retiro, puede decir con total legitimidad: “Lo hicimos”.

 

lore750715@gmail.com

@enrique_2010


Twitter


Facebook