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(Por Enrique López Rivera) Jueves, 9 de Abril de 2020 -- 11:52 pm

  

 

Los malquerientes

 

 

 

En estos días se agudizó una nueva andanada de críticas que apuntan a la actuación del presidente López Obrador, ante la emergencia del covid-19. Esa comentocracia gana terreno en la opinión pública por la incertidumbre que genera la pandemia. Es decir, la naturaleza humana sucumbe fácilmente ante los escenarios fatalistas que algunos desean con fervor.

No hay que caer en especulaciones de ninguna naturaleza. Es necesaria la agudeza de los sentidos sobre las decisiones que se toman desde el gobierno. Pero tampoco caigamos en fatalismos. Bienvenida la crítica que no solo es sana sino necesaria en un régimen democrático. 

Pero también hay que poner las cosas en su justa dimensión. No se están acabando las alternativas ni estamos cerca del apocalipsis. Tenemos un escenario complicado en el ámbito de la salud por la pandemia mundial y porque nuestro propio sistema público de prevención está mermado desde hace años.

No solo eso, los malquerientes también señalan las terribles consecuencias económicas de tal emergencia sanitaria. La reclusión por un lado pero la desaceleración de los mercados mundiales traerá como consecuencia un drástico reajuste de la economía nacional e internacional. Lo anterior es una realidad pero nada de lo anterior nos es ajeno.

Han sido múltiples los ejemplos donde nuestro país sale avante de momentos complicados. De hecho, hace unos años un Secretario de Hacienda que después fue Gobernador del Banco de México (Agustín Carstens) ironizó ante la crisis financiera de Estados Unidos presumiendo que nuestro país solo tendría un “catarrito”, como consecuencia de la peor recesión norteamericana de los últimos años.

Lo anterior, contrasta con las repercusiones que tuvo nuestro país en 2008, donde México más que cualquier otro país de América Latina, se vio afectado por su extrema dependencia económica con de Estados Unidos. Las inversiones y las exportaciones disminuyeron, lo que generó un duro golpe a los estados del norte y las remesas bajaron, lo que afectó a los sectores más pobres del sur del país.

En ese momento la reacción del gobierno fue muy ambigua. Aunque se anunciaron varios planes, muchos de ellos, como el de infraestructura, pudieron ejecutarse solo parcialmente, debido a problemas burocráticos y de implementación. Sin mencionar la corrupción que generó el destino de los recursos a los anteriores rubros.

De tal suerte, que para bien o para mal, estamos preparados para la catástrofe económica. Lo hemos estado siempre, porque también en un discurso retórico todas las veces el pueblo “se aprieta el cinturón”, para que mañana nuestros hijos estén mejor. Ese discurso, por cierto, es recurrente desde hace más de veinte años.

No hay que caer en la fatalidad. El país muy pronto seguirá su marcha sin la necesidad de endeudarse, ni pedir créditos, ni aumentar impuestos. Lo hará por la fuerza de su propio impulso. Más allá de los gobiernos. Los que sacan al país adelante son sus millones de trabajadores que día con día mueven la economía.

En ese sentido los malquerientes se quedarán esperando otra oportunidad para volver a golpear al presidente. Y de verdad ojalá que así sea. En este México actual es muy interesante ir conociendo a los actores políticos, empresariales, los líderes de opinión y expertos que buscan la oportunidad de juzgar por adelantado para gozar de la zozobra y la incertidumbre.

@2010_enrique

  


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