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(Por Enrique López Rivera) Martes, 22 de Mayo de 2018 -- 4:36 am

  

 

 

Segundo debate

 

 

La noche del domingo pasado se realizó el segundo debate de candidatos a la presidencia de México. Con un nuevo formato, los ahora cuatro candidatos participaron en este ejercicio democrático.

Este ejercicio dejo en evidencia que la contienda electoral corre por la recta final. De tal manera que los participantes quisieron aprovechar la oportunidad para ganar algunos adeptos, con otro comportamiento en el debate. En ese sentido, vimos a los participantes más activos en torno a los señalamientos personales, acusaciones, descalificaciones, entre otros.

Al parecer, los aspirantes a la presidencia se están jugando sus últimas cartas en la elección. El tono desde el inicio fue otro y los señalamientos alcanzaron en algún momento tintes álgidos.

En este sentido, hay quienes celebran que los debates sean así. Que confronten ideas y posturas a través de los mecanismos permitidos. Pero también hay quienes subrayan que las propuestas deben ser las protagonistas sin caer en provocaciones.

Sea cual sea el caso, lo que tenemos al terminar el segundo debate es muy poco contenido. No hay nueva sustancia. Lo que si hay es una nueva estrategia de todos los participantes en la cual se pretende ganar cierta simpatía entre el electorado que todavía no tiene una postura definida.

En torno al tema de la migración, no estoy muy seguro que los migrantes se sientan mejor después de escuchar a los candidatos. También tengo dudas respecto a la forma en que se tratará con el gobierno de Estados Unidos encabezado por Donald Trump.

Los dos temas fueron abordados con detalle, pero desde una óptima retórica. Nadie de los participantes -desde mi juicio–, presentó medidas contundentes respecto a estos dos retos planteados.

Por otro lado, los moderadores tuvieron más protagonismo que el debido porque confundieron el ejercicio. Parecía más una entrevista de fondo que un debate. Sus constantes interrupciones no dejaron que el ejercicio fluyera de otra manera.

Al parecer, los moderadores malinterpretaron sus facultades al interrumpir, cuestionar y llamar a concretar a los participantes con cierto afán de protagonismo. Al final lo que tuvimos fue un ejercicio de debate interrumpido con frecuencia.

No obstante, en este ejercicio de aprendizaje estamos apenas en un camino inicial. Es probable que nos disguste algún formato o quizá la forma en la que se hacen los planteamientos. Pero lo importante es que se está socializando la idea de que los debates son necesarios en la incipiente democracia mexicana.

Ahora resta hacer una evaluación sobre lo que se analiza posterior a los debates. Porque en la universal carretera de los medios digitales se encuentra una visión muy dispersa que hace que cualquiera de los participantes de los debates pueda hacerse de una estrategia en medios para hacerse parecer como el ganador del debate.

Resulta muy curioso que los equipos de campaña de los candidatos inviertan tiempo y esfuerzos para hacerse parecer como ganadores. En este sentido, generan más confusión que certeza en estos ejercicios democráticos.

 

@2010_enrique

lore750715@gmail.com

 

 


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