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(Por Karla García Ávila) Viernes, 16 de Noviembre de 2018 -- 5:18 am

  

Amigos con derecho (Parte II)

 

 

Hemos hablado de las relaciones no tradicionales, de esas que hoy en día se llaman “amigos con derecho”, y hay mucho más que decir al respecto.  En principio se tiene que aclarar que este tipo de relaciones es una relación de amistad en donde hay encuentros sexuales.  A diferencia de las relaciones por primera vez o eventuales; en donde no hay interés en relacionarse de ninguna manera con la pareja sexual.

 

En este contexto de las relaciones No Tradicionales, también están las relaciones abiertas.  Que pueden describirse como relaciones de pareja afectivo-eróticas con un compromiso, pero que sus miembros o alguno de ellos se permite tener otras relaciones ya sean del mismo nivel o exclusivamente sexuales.  Pareciera un poco confuso, pero no es otra cosa que la libertad de relacionarse con las personas y de la forma más conveniente a cada quien.

 

Las relaciones abiertas NO son infidelidades, la diferencia radica en el conocimiento de la pareja para que el otro, o la otra, o ambas personas tengan una relación o relaciones aparte.  No hay deslealtad ni mentiras.

 

¡Pero qué complejo se vuelve!  En realidad así es.  Y lo complejo no es la formación de lasn combinaciones de parejas que podemos ser; sino en romper con el estereotipo del amor y de la pareja.  El amor nos lo han presentado como algo necesario para formar pareja, e indispensable para el placer sexual.  Y a la pareja nos la han presentado como en los cuentos de hadas.

 

Pareja tradicional, amigos con derechos, poliamor, y otras formas de vincularnos tienen algo en común: y es la voluntad de querer estar con alguien ya sea desde la forma afectiva y/o erótica sexual.  Tradicionalmente la pareja goza de un contrato per se, no muchas personas lo han verbalizado pero lo dan por hecho desde temprana edad. 

 

Este contrato dice que una vez que el hombre (por cultura en parejas heterosexuales) pide el “noviazgo” la pareja se crea y es acreedora del título de posesión de la otra persona, que se hacen mutuamente exclusivos, que pueden tocar y besar el cuerpo sin que se llegue al acto sexual.  El contrato de matrimonio autoriza el encuentro sexual y asegura la permanencia de la pareja.

 

La diferencia en las relaciones no tradicionales es que este contrato implícito se hace explícito y consensuado.  De allí que la toma de consciencia de las verdaderas necesidades es imprescindible.  La honestidad en la negociación de los contratos o de la forma de relación es básica para que los participantes no sean lastimados emocionalmente.  El manejo de los celos es lo que va a ser el ingrediente básico de las relaciones.

 

No puedes decir que estas en una relación de “amigos con derechos” si en el fondo de ti esperas que tu pareja se enamore y se comprometa contigo.  No puedes decir que estas en una relación abierta cuando tu pareja no sabe de tus otras parejas. 

 

Emparejarse es fácil, crear relaciones sea cual sea la forma es lo complejo; pero no tan complejo si al emparejarnos tenemos en claro lo que somos capaces de dar y de recibir en el momento; y sobre todo capaces de comunicar los sentimientos.

 


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