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VOSEX

(Por Karla García Ávila) Viernes, 17 de Mayo de 2019 -- 10:24 am

  

A las mujeres no nos gusta

 

“PtssPtss”, “Güerita, ¿A dónde tan solita?” “Si, tú. Muñeca, te estoy hablando a ti” “Mamacita”, “¿A dónde tan arregladita?”.

 

Si eres hombre seguramente no te hace mayor conflicto estas palabras.  Si eres mujer, seguramente te haga evocar algún momento en el que te sentiste incómoda, enojada o hasta insegura.

 

La realidad que vivimos muchas mujeres en México es el acoso callejero o los “piropos” (término que minimiza su violencia).  Hasta el momento no he escuchado a una sola mujer que le guste escuchar de un extraño halagos, piropos o ruidos insinuantes.   Culturalmente asociamos el “piropear” con un acto de galantería y seducción; pero no lo es.  El acoso (término correcto para tal acto) es un acto de violencia sexual.   Sólo una paso atrás de lo grave de una violación.  Porque en realidad un piropo es una violación sin contacto.

 

Para Benalcázar, Cabrera y Ureña (2014) el piropo es un acto violento por lo siguiente:

·      Es un acto unilateral, ya que el hombre aborda a la mujer con comentarios sobre su aspecto físico o frases de índole o connotación sexualy, si ésta las rechaza, se arriesga a reacciones agresivas

·      Se constituye como una gratificación personal para quien dice el piropo, particularmente cuando el piropo es dicho frente a sus pares masculinos

·      Se invade sorpresivamente a las mujeres en un espacio público que desde la infancia se establece como un lugar peligroso para ellas, vulnerando con ello su derecho a transitar libremente, con tranquilidad y seguridad por las calles

·      Se presiona a las mujeres para no “provocar” a sus agresores, culpándolas por las agresiones cometidas hacia ellas

·      La práctica del piropo busca la subordinación de la mujer, estableciendo una posición de “poder” y “control” por parte de quien lo expresa

·      Los piropos son una manifestación de la cosificación a la que son sujetas las mujeres, fomentando que se les vea como objetos de placer del hombre, lo que perpetúa los roles inequitativos de género y abre el camino a la violencia.

Por tanto, los piropos NO son un halago, sino más bien un instrumento que los varones usan para ejercer cierto poder de dominación hacia ‘el sexo débil’, puesto que al salir una mujer a la calle, ella está expuesta a una relación de desigualdad asociada a su condición sexual, siendo cosificada y tomada como mero objeto sexual para la satisfacción del varón (Mejía, 2016).

 

Erradicar esta práctica está en manos de todos y todas; no enseñemos a los niños a hacer piropos ni silbidos ni cualquier expresión de este tipo; ni tampoco les aplaudamos cuando lo hacen.   No enseñemos a las niñas a “acostumbrarse” a recibir elogios.   Muchas mujeres le agradeceremos a la sociedad sentirnos seguras cuando salimos a las calles o  estamos  en centros de trabajo o estudio.

 

Parte del texto fue extraído de:

https://www.gob.mx/conavim/es/articulos/los-piropos-halago-o-violencia-contra-las-mujeres?idiom=es


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