Arrancó ya el nuevo año 2025. Ha sido un miércoles, el que precisamos como “el ombligo de la semana”, y aunque para muchos este día pasa rápido o un tanto desapercibido, para mí el inicio del año ha sido perfecto, pues al miércoles siempre lo he considerado como mi día favorito.
Pero bueno, eso no es tan relevante. Lo que ahora nos compete son las nuevas aventuras, ¿no les parece? Por tanto, deben de saber que todo inicia con un documento en blanco y un millón de cosas por escribir… ¿O tal vez sea al revés?, primero un montón de historias y tan solo una hoja en blanco… Cualquiera que sea el caso, siempre es lindo el compartir.
Tenía la fantasía de comenzar el año con un texto de una experiencia desenfrenada, pero al analizar las fechas de la impresión de este periódico, me percaté que aún estaríamos disfrutando del rico calor del hogar, entonces, decidí compartir algo un poco más familiar.
Cuando era pequeña recuerdo que pasábamos las fiestas navideñas todos reunidos en la casa de la abuela. Para eso, mi madre nos vestía con atuendos lindos y cuando llegábamos a la casa jugaba y veía televisión con los primos.
Siempre estaban los mismos tíos, los primos y uno que otro “compadrito” del tío mayor, que aprovechaba la ubicación céntrica de la casa, para pasar a saludar a los abuelos, sin olvidarse, por supuesto, de tomar un par de copas para brindar, además de bailar y cantar.
Otra cosa linda que recuerdo era el salón principal, la casa como tal no tenía mucho decorado navideño, pero para las cenas se montaba una mesa larga con sillas alrededor y casi siempre separaban a los niños en una mesa más chica junto al televisor.
Los primeros años de esta convivencia, que guardo en mi memoria, es con todos en la cocina ayudando a la cena bajo las indicaciones de la abuela, aunque siendo honesta, solo recuerdo a las tías metidas por ahí, los hombres por arte de magia desaparecían.
Pero cuando el número de personas excedió los a 40 asistentes, la abuela se cansó y la dinámica cambió. Las tías optaron por planear el menú con antelación, para que cada familia cocinara en su propia casa y así solo llegáramos con los abuelos para compartir y celebrar.
“Mi madre siempre ha tenido una buena sazón”, tal vez esa frase la han escuchado ya e incluso hasta la han usado, pero personalmente es la verdad. Entonces, retomando la historia con la familia, por lo regular a mi madre le asignaban los platillos al horno, como pollo, empapelados, espagueti y postres. Con la abuela casi no comíamos cosas dulces, así que el postre por excelencia era “la ensalada de Navidad”.
“La ensalada de Navidad” o “ensalada de Nochebuena”, se le conoce así porque sus ingredientes además de ser furta de temporada, tienen los colores parecidos a la flor de Nochebuena que es un rojo tinto muy peculiar vinculado al invierno y a la Navidad.
La receta original lleva betabel que es el principal que brinda color, además de otras frutas como manzana y plátano, cítricos y frutos secos.
Mi gusto por la comida y la cocinada comenzó desde muy pequeña, entonces en una Navidad me ofrecí a ayudar. Como de las cosas más fáciles eran las que se preparaban en una barra fría, me asignaron “la ensalada de Navidad”.
A grandes rasgos, para dicha ensalada solo basta con poner a hervir el betabel y junto con las frutas cortar todo en trozos pequeños, mezclar y endulzar. Al servirse se agregarán los frutos secos al gusto. Ciertamente, es una receta muy sencilla de preparar. Sin embargo, nadie le dijo a la niña Victoria de 10 años que todo el jugo del betabel cocido al vapor serviría para la ensalada; si ustedes saben cocinar, sabrán a lo que me refiero.
Por un momento, mis cortos años de experiencia culinaria se vieron en dificultades al tener lista una ensalada sin líquido. Afortunadamente, esa Navidad la habíamos pasado en casa y los únicos que se dieron cuenta fueron mi padre, mi madre y mi abuela.
Se necesitaron otros betabeles y mucho jugo para rescatar esa ensalada, cosa en la que me apoyo mi madre, pero al final se logró. Solo que en los años posteriores se custodió mi participación para esa preparación.
Al decir verdad, no sé cuántas Navidades y años nuevos disfruté más junto a la abuela, pero en todos ellos siempre recordamos como salvamos la ensalada. De hecho, fue hasta este año nuevo que nuevamente preparé esa ensalada deliciosa.